jueves, 27 de octubre de 2016

El Primer Tono (Baile) de tu Peque

Hace unos días, mi hija mayor asistió a su primer tono: música, baile, penumbra, luces psicodélicas. Pero contrario a lo que pudiera imaginarse, no se trata de chicos adolescentes, sino de niños y niñas de 10 y 11 años edad de quinto grado de primaria.

baile de niños - portriplepartida.blogspot.com

Para quienes no lo saben, ésa es la tendencia y yo también acabo de enterarme. En estos días, los niños empiezan a ir a fiestas de solo música y baile en quinto grado, fiestas que comienzan a las 5:30 de la tarde y terminan a las 10 de la noche.

Así tenemos que niños y niñas, que hasta hace poco eran totalmente indiferentes unos con otros, ahora se toman de las manos y bailan frente a frente. Fue muy curioso para mí, por no decir surreal, verlos, porque por lo menos desde kinder o primer grado, mi hija no iba a fiestas de cumpleaños mixtas, los niños celebraban sus cumples con niños, y las niñas con niñas.

Así que todo parece indicar que empieza a terminar la época de los toboganes inflables y las camas elásticas en los cumpleaños, lo que me da un poco de nostalgia. Sí, es la ley de la vida, entraremos a esa fase en que nuestros planes de fin de semana estarán supeditados a la agenda social de nuestros retoñitos.

Bueno, volviendo al tono al que fue mi hija. La expectativa era grande, grandísima. No solo de los chicos, sino de las mamás, sobretodo de nosotras! Te imaginas ver a tu bebé, quien le hacía fuchi a las niñas hasta hace poco, tomado de las manos con una niñita y bailando?? ¿De dónde sacaría tu enano de pronto las agallas para invitar a una niña a bailar?

Y tu hijita, la niña de tus ojos, se atreverá a aceptar la invitación de un chiquito para entrar a la pista de baile?? ¿O lo rechazará muerta de vergüenza? ¿Preferirá quedarse sentada viendo a los demás bailar?

El día del tono, las mamás llegamos con nuestros hijos, hombres y mujeres, a la casa de la fiesta. Todavía son niños y no les importaba llegar acompañados de sus mamás. Los dejamos en la puerta y nos quedamos unos minutos a curiosear cada vez que se abría la puerta y entraba un nuevo invitado.

¡Qué ganas teníamos de estar adentro a mirar de qué se trataba todo!, pero la consigna era no mamás, porque los chicos iban a estar avergonzados y no se iban a atrever a empezar el baile.

Para mi hija era su primera fiesta. Al comienzo no mostró mucho interés en ir. Cada vez que le preguntaba si querría ir, me respondía sin ganas "no se", pero luego cambió a "si mis amigas van, sí". Y sus amigas iban a ir, así que decidió que ella también iría.

Pero ella no quería llegar a la fiesta sola, sino con sus amigas, por eso invitó a dos niñas de su clase a venir a nuestra casa para prepararse y llegar juntas a la fiesta. Para las amiguitas de mi hija también era su primer tono, así que estaban con toda la ansiedad encima, aunque entre tres, la cosa era más llevadera y divertida.

Días antes de la fiesta, le dije a mi hija que si iba a ir al tono, que actuara natural, que si la sacaba a bailar un niño, aceptara y bailara, que no hiciera como yo, que a esa edad era súper tímida y vergonzosa, y le conté una anécdota de cuando tenía su edad.

Tenía 11 años y me habían invitado al cumpleaños de una compañera del colegio. Yo estudiaba en colegio de niñas y no tenía hermanos varones, así que los chicos para mí a esa edad eran poco menos que marcianos.

En el cumpleaños de mi compañera también había niños. Las niñas estábamos en la sala sentadas conversando, algunas habíamos tomado los libros que formaban parte de la decoración y los hojeábamos. En eso, un grupo de niños entró al salón, y de pronto escuché un "¿quieres bailar?". Alcé la vista, y ví a un niño rubio con pecas y carita de ángel, que me miraba.

Fue como si hubiera visto al diablo en persona, o como si hubiera recibido un bocanada de aire calientísimo en el rostro, o como si me echaran un balde de agua helada que me quitara la respiración. Me ruboricé horrible, quité la vista en el acto, y enterré la mirada en el libro que tenía abierto, al tiempo que meneaba la cabeza en señal de "No".

¡Cuanta vergüenza sentí después por ese incidente por los comentarios de mis amigas sobre mi negativa de bailar! Quizás por eso la recomendación a mi hija que no se intimidara y que bailara. Además, una reacción como la mía creo que no hubiera tenido justificación en ella, ya que estudia en un colegio mixto.

Faltando una hora para ir al tono, mi hija y sus amigas se bañaron y se vistieron, jeans y blusas fue el atuendo que escogieron para la ocasión. A esta edad todavía no se les ocurre ponerse vestidos cortos o minifaldas. Ya llegará el día en que querrán arreglarse, laciarse el pelo, maquillarse, pero ahora solo tienen 11 años.

Dejé a las niñas en la puerta, ví brevemente que entraban y saludaban a algunos niños. Luego se cerró la puerta y yo regresé a mi casa.

A las 9 de la noche regresé para recoger a mi hija. Entré al jardín de la casa y me topé con un toldo muy alto, pista de baile, luces psicodélicas, y muchos niños y niñas bailando. Algunos bailaban en pareja, algunas niñas bailaban entre niñas. Otros niños solo conversaban y miraban de cerca a los que bailaban.

Otro grupo de niñas estaba en la terraza, algunas conversaban un poco, otras miraban sus teléfonos. Sinceramente, ví en algunas caritas aburrimiento. Otros sí que la pasaban bien bailando. Ví a un par de niñas muy alegres dando saltos y moviéndose al ritmo de la música. Pero la gran mayoría apenas bailaba, en realidad aún no saben bailar, recién están aprendiendo.

Era gracioso ver a los mocosos meneando el cuerpo, muchos sin ningún ritmo, otros apenas se movían, y otros lo hacían muy exageradamente. Es la edad en que los chicos ya buscan definir su estilo y personalidad en el baile.

Y las niñas ya los identifican y se divierten imitándolos entre risas: "éste que baila así...", "y el otro que te aprieta mucho las manos", y "fulanito que no sabe bailar y solo te da vueltas y vueltas, y tienes que ir a sentarte porque terminas mareada".

Hasta aprenden algo de "ética de baile". Mi hija y sus amigas dicen que los chicos son los que las sacan a bailar a ellas, y jamás al revés. "Una niña no saca a bailar a un niño, no le va a decir '¿quieres bailar?'. Sonaría desesperada!", me comentó mi hija, y me reí en mi interior. No sabe que las mujeres hace tiempo ya toman la iniciativa.

¿Y si los niños no las sacan a bailar porque están cansados? (suena familiar?), ellas no se hacen problemas y bailan solas, es decir en grupo de niñas, me dijo.

Al regresar con mi hija a la casa, le pregunté qué le había parecido el tono, y me dijo "bien" sin mayor entusiasmo. "Volverías a repetir la experiencia?, repregunté. Y me respondió: "hmmmm, no se".

Me contó que sí bailó con los niños que la sacaron a bailar, y que al comienzo se había sentido un poco ansiosa, pero después se soltó, y no le pareció nada difícil. Yo quise indagar más sobre por qué aparentemente el tono no había sido la cosa más divertida jamás experimentada por ella hasta ahora.

Mi hija me dijo que hubo momentos de la fiesta muy divertidos, pero también hubo algunos momentos aburridos.

Y es que la fiesta duró más de cuatro horas. ¿Qué hace un niño o niña que no sabe bailar o que no disfruta tanto de bailar? Mira a los demás bailando, se acerca a la mesa de dulces, come un poco, toma gaseosa o agua, da vueltas mirando, se sienta un rato, y todo podría parecer eterno!!

Me pregunto si este tipo de fiestas a la edad de 10 y 11 años es más idea de los padres que de los niños. Tal vez no, tal vez sí haya niños que disfruten estos tonos. Recuerdo que me contaron que una mamá de familia del colegio comentó que su hija, de la misma edad de la mía, le había pedido "una fiesta igual a las que tú haces para festejar tus cumpleaños".

Pero de hecho, estas niñas o niños no son la mayoría. No creo que a su edad, el común de los niños se aloque por este tipo de diversión.

Lo que me queda claro es que mi hija no es de las más adelantadas a su edad, entonces ¿por qué tendría que llevarla a fiestas en las que no se va a divertir al 100%? Si conserva su mente de niña y sus intereses de niña en buena hora. Creo que lo mejor que podemos hacer los padres es conservar la infancia de nuestros hijos el mayor tiempo posible, pero tal parece que hacerlos crecer cada vez más rápido es la tendencia de estos tiempos.

Ya llegará el momento en que mi hija me ruegue por ir a un tono, en que su papá y yo tengamos que hacer tiempo en algún sitio de la ciudad para esperar la hora de ir a recogerla, hora que empezará a extenderse cada vez más. Ya llegará el momento en que quiera vestir sexy y arreglarse para salir, ya llegará el tiempo en que los chicos empiecen a buscarla e invitarla a salir.

Mientras tanto, aún es mi niñita, aún disfruta de pasarla conmigo, y mucho. Aún disfruta de ver películas con sus hermanas comiendo canchita los viernes y sábados, o de ir al cine en familia, o de jugar matagente en el jardín. Y quiero que por el momento las cosas sigan así.

Felizmente solo tiene 11 años!.

viernes, 21 de octubre de 2016

Feliz Ganadora

Hola a todos!

Hace unas semanas, dí a conocer el nombre de la mami ganadora de una bata para niña que sorteé a través de #MamáPorTriplePartida. Marlene tuvo la gentileza de enviarme una foto de su pequeña luciendo la batita.



Esta linda niña se llama Iara Camila y tiene solo cuatro añitos, y según su mami, quedó encantada con su nueva bata! Demás decir que me alegra sobremanera haber conocido a la pequeña usuaria de la batita, y saber que tanto mamá como hija quedaron muy contentas con el premio.

Bendiciones a ambas!

miércoles, 12 de octubre de 2016

Anécdotas de la Primera Comunión de mi hija

Ha empezado la temporada de Primeras Comuniones en Lima, y a mi segunda hija le tocó recibir el sacramento hace dos semanas junto con su promoción de tercer grado de primaria. Fue un evento inolvidable para todas las madres y padres. Y de hecho para mí no solo inolvidable sino también anecdótico.

torta de primera comunión - portriplepartida.blogspot.com

Qué ternura daba el ver a las niñas y niños vestidos de blanco, con las manos juntas sobre el pecho, algunos con cara de circunstancia (los nervios?) caminando hacia el altar donde el sacerdote les esperaba para darles por primera vez la comunión.

¿Qué pasaba por sus mentes en esos momentos? Algunos pensarían: "¿Y si me atoro con la hostia?", "¿Y si se me pega al paladar y no la puedo despegar?" "¿Si no me gusta el sabor?".

Yo conversaba con mi hija sobre esto, y sí, todo era tan nuevo, lleno de misterio e incertidumbre para ellos, que llegaban a la ceremonia con un poquito de nervios o ansiedad.

Incluso circulaban historias entre los compañeros de mi hija sobre una niña de la promoción anterior, a la que, al momento de recibir la comunión, le dieron varias arcadas de náusea. ¡Horror! ¿Qué niño querría que le pase lo mismo?

El día de la primera confesión también fue otro día de nervios para todos los niños!. Acompañé a mi hija ese día como todas las mamás, y la miraba mientras esperaba su turno. No dejó de balancear una de sus piernas todo el tiempo de espera, y movía y agitaba la hoja que sostenía en su mano, donde tenía sus pecados apuntados para no olvidarse de decirlos al padre.

"¿Estás nerviosa?, le pregunté mientras la grababa en un vídeo para la posteridad. "Sí", me respondió tranquila, pero sin dejar de balancear su pierna.

Miré a los niños a su lado. Uno estaba serio con cara de miedo, otro estaba serio con cara de "qué hago aquí, me aburro", otro estaba risueño, pero al igual que mi hija se movía nerviosamente en la silla. Dos niñas reían relajadas, y una de ellas incluso hacía gracias. Se paraba y se sentaba, se le caía el papel, lo levantaba en medio de aspavientos, ¿nervios también?.

La fila avanzó y le tocó el turno de confesarse a mi hija. La esperé mirándola a la distancia, y cuando terminó la confesión, vino a mí sonriente, y su comentario fue: "Pensé que iba a ser más difícil!". Luego al salir de la iglesia, me dijo: "Me siento libre y feliz". Y yo también me sentí feliz por ella.

No puedo dejar de recordar mi propia preparación para la Primera Comunión. Yo estudié en un colegio de monjas y mis hijas estudian en un colegio laico. Las diferencias son notables, empezando por el tiempo que dura la preparación. Yo recuerdo todo un año intenso de catequesis en mi colegio, a cargo de una monjita muy carismática y con gran llegada a las niñas.

Recuerdo vívidamente cuando nos presentó en clase una cruz dibujada en un pliego de cartulina. La cruz tenía círculos, óvalos y hexágonos que representaban piedras preciosas. Por cada buena acción que nosotras haríamos, le pondríamos color a las piedras preciosas dibujadas en la cruz hasta que toda ella estuviera cubierta de gemas. Una linda manera de motivarnos a ser mejores.

En el caso de mi hija, les programaron para todo el año ocho sesiones de catequesis a cargo de dos jóvenes monjas. Estas sesiones de catequesis, dadas los sábados, implicaban para las catequistas controlar y mantener enfocados y concentrados a 150 niños! Por supuesto que no era una tarea fácil.

Cuando terminó mi preparación para la Primera Comunión, yo sabía los 10 mandamientos, los 7 sacramentos, las principales oraciones, las diferentes partes de la misa, la diferencia entre un pecado mortal y uno venial y otras muchas cosas.

Estoy segura que muchos niños que hicieron la Primera Comunión con mi hija, difícilmente podrán enumerar los 10 mandamientos, con suerte recordarán los tres primeros. Yo misma puse a prueba a la mía y le pedí que me diga cuáles son los tres primeros mandamientos, y recordó solo dos.

O sea en la realidad, las catequesis difícilmente pudieron hacer que los niños memoricen bien los conceptos del dogma católico, pero lo que sí consiguieron es implantar en ellos una conciencia moral, es decir que sean conscientes de cuando están haciendo mal o cuando están haciendo bien.

Después de su primera confesión, mi hija se confesó una segunda vez antes de hacer la Primera Comunión, y al día siguiente de la ceremonia, el domingo, volvió a confesarse en la misa. Con la curiosidad encima, le pregunté qué había sido lo que había hecho para tener que confesarse, y me respondió, con toda la inocencia de sus 9 años, que cuando su hermanita de 3 le había pedido que jugaran juntas, ella, que no tenía ganas de jugar en ese momento, le había dicho que no tenía tiempo.

Y el pecado que la llevó a confesarse después de su Primera Comunión fue que no había obedecido a su papá cuando le dijo que se abrigara porque hacía frío, sino que había seguido jugando, y recién la tercera vez que le dio la orden, lo hizo.

Ese es el nivel de pecadillos de los niños de 9 años, pensé riéndome en mi interior.

-“Ay mi amor, pero ése era un pecado venial, no necesitabas confesarte por eso”, le dije.
-"¿Qué es un pecado venial mami? 
-"¿Qué? ¿No sabes qué es un pecado venial?. 
-"No".
-“Es un pecado leve, cuando cometes un pecado leve, no necesitas confesarte, basta que reces un acto de contrición, y se te perdona”.
-“¿Un acto de que?? Qué es eso?.. 
-"¿Me estás bromeando? Has hecho la Primera Comunión y no sabes lo que es el Acto de Contrición?? Esa oración que empieza con “Jesús mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero…”- -“Ahhhhhh, sí la se!”.
-"Bueno, si cometes un pecado leve o venial solo lo rezas y queda perdonado. 
-“¡Ay de haberlo sabido antes!!”.

Como parte de la preparación para la Primera Comunión de mi hija, nosotros como familia también hicimos algunos cambios, por ejemplo, no olvidar de ir a escuchar misa todos los domingos. Fue una recomendación que nos dieron en las charlas para padres programadas en el colegio.

Otra de las recomendaciones también fue que nos confesáramos para comulgar en la ceremonia de Primera Comunión de nuestros hijos, lo que sería una bonita de manera en que la familia completa y unida acompañara al niño que recibe a Jesús por primera vez en la comunión.

Como yo, muchas mamás y papás escuchamos el consejo, y en los días previos o el mismo día anterior a la ceremonia nos lanzamos en la búsqueda de una iglesia para confesarnos.

El viernes en la tarde, después de haber estado en mil ajetreos por los preparativos para la celebración que tendríamos en casa, corrí a una iglesia donde suele haber un horario diario de confesiones. Mi esposo también iba a ir más tarde a la misma parroquia para confesarse.

Llegué temprano, unos minutos antes del inicio de confesiones. Solo había una persona antes que yo, y me encontré también con una mamá del colegio y sus dos hijas, una de ellas compañerita de mi hija.

Me tocó el turno y entré al confesionario, una especie de cuarto de medio metro cuadrado bien cerrado con puerta como para aislarlo del exterior. A través de una rejilla escuché al padre decir "Ave María Purísima", "sin pecado concebida", respondí. Me preguntó mi edad y hace cuánto tiempo que no me confesaba. Le dije que hace dos años, cuando mi hija mayor hizo la Primera Comunión, y creo que mencioné que mi segunda hija la haría y que por eso deseaba confesarme.

"Has hecho el examen de conciencia?", me preguntó. Le respondí que sí. "¿Cuándo?", me volvió a preguntar. Me pareció raro que me preguntara eso, y le respondí que la noche anterior, y que también en el trayecto a la iglesia media hora antes.

“Media hora antes”, repitió el padre acompañándolo de un suspiro de condescendencia, como diciendo “media hora antes, no puedo creerlo”. En mi mente había un signo de interrogación gigante. ¿Estaba mal? ¿Había un tiempo ideal o un tiempo mínimo que debía durar un examen de conciencia, y media hora era muy poco?

"Bueno", me dijo, "me vas a decir tus pecados solo desde hace dos años a la fecha". Entonces empecé. No había ni empezado a hablar casi, y me interrumpió. “¿Eso es pecadooo??, otra vez usando un tono condescendiente. “Hmm, creo que necesitas ayuda, yo voy a ayudarte, te voy a preguntar y tú me vas a decir si o no”.

Otro signo de interrogación en mi mente. Parecía que había vuelto a tercer grado de primaria.

Empezó a enumerar los pecados referidos a los mandamientos, "¿has jurado en vano?, ¿has robado?, ¿has mentido?", y yo contestaba. “¿Has levantado injurias contra alguien?” No, le dije. "¿Sabes lo que es injuriar?", me preguntó. –"Sí, calumniar, difamar…", respondí. “Eso no es injuriar”, me espetó. “Injuriar es levantar falsos testimonios contra otros. Lo has hecho?” -"No, padre, le contesté.

En ese momento, yo estaba empezando a dudar si estaba realmente con un sacerdote, o un extraño se había metido al confesionario a tomar su lugar y me estaba tomando el pelo. ¿O quizás era un actor que estaba haciendo un experimento social?, ¿o tal vez yo era la víctima de una cámara indiscreta?. Miré de reojo las esquinas del confesionario y hasta tuve la tentación de, en plena confesión, revisar los rincones para cerciorarme que no hubiera alguna cámara o micrófono.

Pero rápidamente quité de mi mente esas dudas, porque el padre hablaba muy bien, se notaba su cultura y su conocimiento de los temas religiosos.

A estas alturas de la confesión, yo llevaba no se cuántos minutos ahí adentro, y notaba que afuera había gente impaciente por el ruido que hacían. Pero yo todavía tenía para largo ahí, aunque ni me lo imaginaba.

Le dije al padre que me cuidaba para no tener más hijos con métodos que no eran aceptados por la iglesia, pues como todos saben el único método admitido por la iglesia es el natural. Ajá!, ahí empezó una larga, larguísima conversación, tan larga que me empezaron a doler las rodillas por la posición arrodillada en la que estaba. En realidad no era una conversación, era una catequesis completa. El padre me estaba catequizando!!

Me dijo que había todo un tratado de la iglesia sobre la manera como cuidarse para no tener hijos, pero que los métodos artificiales estaban totalmente vedados. Hasta mencionó que había tenido que negar la absolución a una señora por llevar un dispositivo intrauterino. Y también me dijo que había un lugar donde impartían clases a los esposos sobre cómo planificar la familia siguiendo los métodos de la iglesia.

El momento inesperado y amargo llegó cuando me dijo que no podía darme la absolución, que entendía que yo quería comulgar en la ceremonia de Primera Comunión de mi hija, y que aunque ése era un buen motivo, no cumplía con el objetivo de toda buena confesión, que es tener arrepentimiento y propósito de enmienda.

Porque, me dijo, para tener propósito de enmienda, yo tenía sinceramente estar decidida a adoptar los métodos aceptados por la iglesia, pero ¿acaso podía hacerlo unilateralmente sin consultar a mi esposo? No, entonces me dijo que debíamos conversar primero los dos sobre qué hacer, y mientras tanto no podría ser absuelta.

Me sentí muy decepcionada cuando escuché eso, pero no había nada que hacer. Me despedí, y salí del confesionario tambaleándome porque tenía las rodillas agarrotadas por haber estado arrodillada tanto tiempo.

La cola de gente que esperaba su turno para confesarse ya era larga. Por lo menos había estado yo media hora en el confesionario! Sentí vergüenza pensando en lo que la gente estaría pensando, qué clase de pecados tendrá esta señora para tomar tanto tiempo para confesarse!.

En la cola distinguí a mi esposo. Me acerqué y le pedí que me siguiera. Afuera de la iglesia le conté todo lo de mi confesión, y le dije que no había caso, que nos fuéramos porque a él tampoco lo iban a absolver. Pero él se negó. "No", me dijo, “yo me quedo, yo me voy a confesar y voy a comulgar mañana”.

No entendí qué buscaba, pero, bueno, lo dejé y me fui a la casa a seguir con mis preparativos. Cuando él regresó, le pregunté que cómo le había ido, y para mi sorpresa me dijo: “Bien, ya me confesé!”. “Te dieron la absolución???”. “Sí”, me respondió.

¡¿Quéeeeeee??!!!! Y por qué a ti sí, y a mi no??!!!!”, yo estaba indignada!. 
“Ah, es la manera cómo lo dijiste”, me dijo mi esposo.
“¿Y cómo lo dijiste tú?” 
“Intimidad sin fines reproductivos”. 
-PLOP!!

Y así fue como mi esposo sí comulgó el día de la Primera Comunión de nuestra hija, y yo no. No se si mi hijita se dio cuenta, tal vez no, porque no me preguntó nada. Y felizmente no lo hizo, porque no hubiera sabido bien qué contestarle.

Ya para entonces se me había pasado la decepción, y solo me quedó la alegría y emoción de ver a mi pequeña, inocente y angelical, recibiendo su Primera Comunión.



martes, 11 de octubre de 2016

RESULTADO DEL SORTEO

Antes de dar a conocer el nombre del ganador(a) del sorteo organizado por este blog, deseo agradecer sinceramente a las personas que compartieron la publicación, dieron Me Gusta y/o escribieron a mamaportriplepartida@gmail.com.

Y ahora sí, sin más trámite de por medio, les anuncio que Marlene Angélica García Cuba, con DNI 40862083, es la ganadora de una bata para niña Sweet Angels!

¡Mil gracias Marlene por participar y por tus sugerencias de temas para este blog!

Y a todas las personas que me leen, o me han leído alguna vez, les agradezco su interés y espero poder tenerlos regularmente por aquí.

GRACIAS!!!

Carla