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miércoles, 16 de agosto de 2017

Etapas de la infancia: Cuál es la más fácil para las madres

Si eres una mamá primeriza agobiada con el desgaste que te significa el cuidar a tu bebé recién nacido las 24 horas del día, seguro estarás preguntándote cuándo las cosas se pondrán más llevaderas y fáciles, cuando podrás tener un respiro.

niña saltando - portriplepartida.blogspot.com

La verdad es que cada etapa de la infancia de tu hijo, presenta sus propios retos, cada una demanda un desgaste particular. No es nada fácil cuidar a un recién nacido, pero tampoco es sencillo lidiar a diario con los berrinches y pataletas de un niño 2 o 3 años, y más tarde con la rebeldía o malhumor de un púber.

Sí, ser mamá no es fácil, y alguna vez yo misma, cuando mis hijas mayores eran pequeñitas, me preguntaba cuando llegaría el momento en que criarlas se haría más fácil, cuándo podrían ir al baño solas, cuándo empezarían a comer por sí mismas, cuándo podrían bañarse sin ayuda. Y así pasó el tiempo y mi hija mayor ya tiene 12 años, y ahora me encuentro en las puertas de empezar otra etapa de maternidad, que según todo el mundo dice, es difícil y desesperante.

De la adolescencia no conozco nada, así que en esa etapa sí soy mamá primeriza total, pero de las etapas previas ya conozco bastante, y por eso haré aquí un recuento de los retos que se nos presentan en cada etapa de la infancia y cuándo la crianza se nos hace a las mamás un poco más fácil.

1. De 0 a 3 meses

Para mí esta fue una etapa muy dura y difícil y creo que lo es para la gran mayoría de las madres, primero, porque si eres mamá primeriza, no conoces nada de tener un bebé, segundo porque la demanda de atención de un recién nacido es 100%. Un bebé recién nacido no conoce tampoco nada del mundo exterior, y por eso le va a costar un tiempo adaptarse al mundo fuera del útero materno. Llora por leche, llora por sueño, llora por frío, llora por incomodidad por un pañal sucio, llora porque te extraña, llora, llora y llora. Si es un bebé tranquilo y dormilón, te sacaste la lotería, podrá dormir 14 a 16 horas diarias, pero si no, como a mí me pasó, gran parte de tu tiempo lo pasarás tratando de hacerlo dormir, dándole teta, paseándolo en brazos, meciéndolo, cantándole, solo para que se duerma 20 minutos y se vuelva a despertar. Esta etapa fue de locos para mí! Mis hijas no dormían más de 11 horas diarias entre el día y la noche.

2. De 3 a 12 a meses

En esta etapa, tu bebé da un gran salto de desarrollo, ya no es más un recién nacido, ya es un bebé y está encantado con descubrir lo que hay a su alrededor. Se distrae mucho mirando todo, se entretiene queriendo alcanzar objetos, tocarlos, metérselos a la boca y chuparlos, o practicando darse la vuelta para ponerse en posición de panza, y después para poderse sentar, y después para gatear, y luego para caminar. Como todo bebé, aún demanda muchos cuidados, alimentarlo, bañarlo, cambiarle el pañal, hacerlo dormir, jugar con él, cuidar que no tenga un accidente, una caída de la cama o del sofá, o que trate de treparse en las barandas de la cuna, o que cuando empiece a caminar no se vaya a tropezar y golpear con el borde de una mesa, es decir, hay que tener mil ojos encima de ellos, pero de por sí es una etapa de menos llantos y más gorjeos y carcajaditas de bebé.

3. De 12 a 24 meses

Ahora empieza la etapa de los berrinches. Desde poco antes de cumplir un año, ya tu bebé da muestras de enojarse, por ejemplo, si le quitas algo que él tenía en sus manos llora de frustración. Recuerdo que mi hija menor, a los 10 meses, se enojaba y le jalaba el pelo a quién le impidiera hacer algo que ella quería hacer. También es la etapa de tener mucho cuidado con ellos, porque son extremadamente curiosos a esta edad, y todo lo que ven en la casa es algo que quieren tocar, explorar, investigar, y como ya saben caminar, nada los detiene! Hay que estar atentos a los cajones que puedan abrir, a los muebles cerca de ventanas a los que se puedan subir. Mi hija del medio, que era bien inquieta a esta edad, tuvo un accidente alrededor de los 18 meses, cuando un día agarró la afeitadora de su papá y se rebanó un pedazo de piel del dedito índice, y tuvieron que ponerle dos puntos de sutura porque no paraba de sangrar. A esa edad también, ella jalaba un banquito de plástico hasta un repostero de la cocina, lo usaba para subirse en el repostero, luego se incorporaba y alcanzaba la puerta del estante y lo abría para sacar galletas. Ella solita! Felizmente nunca se cayó.

4. De 2 a 4 años

Esta es la etapa cumbre de las pataletas, la de "los terribles 2 años", que se prolongan hasta los 4 años. A los 2 años, el niño descubre su individualidad y también el poder del "No", entonces dirá No a las cosas que tu propongas, "Es hora de tu baño", NO!, "Ya vamos a almorzar" NO!, "Hora de ir a la cama" NO! Cumplir con las rutinas de tu peque se hace súper difícil por su negativa o resistencia a colaborar, y si insistes, pataleta segura. Es desesperante! Además muy estresante tener que lidiar con sus berrinches intempestivos, que surgen en el momento menos pensado y más inoportuno, por ejemplo, cuando estás apurada en vestirlo para dejarlo en la guardería o nido, e irte a la oficina. De pronto, dice que no quiere ponerse ese pantalón azul que escogiste, que quiere el verde, pero el verde está sucio, le explicas. Pero no quiere escuchar, solo quiere el verde, y estalla en llanto, y se tira a patalear en el suelo. Si has manejado bien el tema de las pataletas, para cuando tu hijo tenga 3 y 4 años, puede que los berrinches sean menos frecuentes, pero aún los tendrá y como ya tu hijo habla mejor, y tiene más vocabulario, los acompañará con un "Mamá mala!!", "Mamá loca!!!" o "Mamá tonta y mala!!!", etc.

5. De 5 a 6 años

A esta edad ya son muy independientes, van a baño solos, se visten solos, pueden empezar a ducharse solos también, aunque no lo harán muy bien, a las justas una jabonada en el pecho y piernas y una enjuagada. A esta edad se vuelve por eso más sencillo ir de viaje con ellos pues no necesitan tanta ayuda. Pero a esta edad como ya se sienten niños grandes, habrá situaciones en que quieran hacer cosas sin autorización, cosas tal vez temerarias sobretodo los varones. Es una edad de travesuras e indisciplina.

6. De 7 a 9 años

Esta es la edad en la que las cosas se ponen más fáciles. Tus hijos al alcanzar los 7 años se ponen más maduros. Recuerdo que mi mamá solía decir que los 7 años era "la edad del juicio". Los psicólogos dicen que a esta edad se despierta el sentido de solidaridad en los niños, que antes de los 7 suelen ser muy egocéntricos.  Entonces si tu hijo pensaba primero en sí mismo cuando era más pequeño, y asumía que tú tenías que atender sus necesidades primero que todo, en esta etapa, puede reconocer tus necesidades también, puede estar más presto a colaborar contigo en tareas domésticas o hacerte encargos. A esta edad  conocen muy bien las reglas de la casa, conocen los límites, y los aceptan sin enojarse. Saben lo que te molesta o lo que te disgusta, así que se comportarán más adecuadamente. Dependiendo de cómo lo hayas estado educando, puede empezar a tener más sentido de la responsabilidad.

7. De 10 a 11 años

Esta es la etapa de entrada a la pubertad. Tus hijos empiezan a ponerse "raros". Si antes parecía un niño tranquilo y dócil, de pronto empieza a ponerse respondón o malhumorado, y tu hija igual. O pueden ponerse indiferentes, ensimismados, o las niñas pueden ponerse sensibles, y tener episodios de llanto porque "nadie me quiere", "siempre me culpan de todo", "solo a mí me regañan". O por el contrario, pueden tener estallidos de cólera, y empezar a recriminarte por olvidar algo, por haber llegado tarde a recogerles del colegio, etc. Es la edad en la que empiezan a criticarte, a ver tus defectos, la mamá heroína que admiraban pasa a ser solo una mamá vulnerable y humana.

Hasta ahí mi recuento de las etapas de la infancia. Como ves, la edad entre los 7 y 9 años es la edad más fácil y llevadera, es cuando las cosas se estabilizan y calman, pero valga la aclaración, todo dependerá de cómo el niño sea criado y educado. Un niño criado con mucho mimo y engreimiento, difícilmente va a volverse un niño de buen carácter y educado solo porque tenga 9 años.

Mi hija de cuarto grado me cuenta de algunos compañeros suyos que lloran y hacen pataleta frente al profesor en el salón de clases!

De ahí la importancia de formar a nuestros hijos, desde su temprana infancia, en el autocontrol, en la tolerancia a la frustración, en la autonomía y en los valores. Si esto es así, podremos sentirnos luego felices de ver a nuestros pequeños hijos convertidos en niños solidarios, empáticos, respetuosos y bien educados.


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sábado, 5 de agosto de 2017

¿Es más difícil ser mamá hoy en día?

Hace unos días, conversando con mamás amigas del salón del nido de mi peque, llegamos a una conclusión, ser mamá hoy en día es más difícil de lo que fue para nuestras madres. Y ¿por qué? Porque en temas de educación y disciplina, nuestros padres solo tenían que sacar la correa, o amenazarnos con una buena tunda, para que nos convirtiéramos en los niños más obedientes del mundo.

mamaehija - portriplepartida.blogspot.com

Actualmente, en cambio, las mamás nos desesperamos con hijos que no obedecen, que no escuchan las órdenes que se les dan, que son desordenados, que no hacen las tareas por sí mismos, y que son extremadamente impacientes, todo lo quieren para ayer, y que nos vuelven locas con sus pedidos.

Entre la gente de nuestra generación, se oye decir: "Mi padre nos hacía obedecer solo con la mirada!" "Una sola mirada, y yo ya sabía lo que tenía que hacer". ¿Como hacían nuestros padres para teledirigirnos con los ojos? Pues sabíamos que nuestros padres no se andaban con rodeos, y que si no obedecías, te caía el golpe, o el castigo, por ejemplo irte a la cama sin cenar.

Hoy todo eso es cosa del pasado. El Internet está lleno de páginas donde encuentras "tips" para actuar frente a los berrinches de tu hijo, o vídeos que pretenden enseñarte en "x" cantidad de pasos cómo manejar las pataletas de tus críos. Por ejemplo, hace unos días me topé con un vídeo que te mostraba los 5 pasos de cómo actuar ante un berrinche.

Uno, tomar aire, decía, respirar, calmarte, Dos, analizar qué le puede estar pasando a tu hijo, ¿tiene hambre? ¿tiene sueño?, y después los pasos 3, 4 y 5. Unas décadas atrás, los padres no tenían contemplación alguna ante un berrinche, y de frente te llevaban a la ducha y te soltaban el agua fría encima! Santo remedio! Ni más uno volvía a hacer una pataleta.

O sino, un solo correazo, una sola nalgada, y el niño estaba curado de berrinches y los padres no sentían remordimientos, sino la convicción de que estaban haciendo bien y formando a sus hijos.

Hoy a las madres y padres nos remuerde la conciencia si se nos escapó un grito, o si jaloneamos a nuestro hijo cuando se portó mal y perdimos la paciencia. Nos da terror generarle un trauma, reprimirlo, inhibirlo, volverlo inseguro.

En los hogares de antaño reinaba el autoritarismo paterno. Se daba órdenes a los niños sin necesidad de dar explicaciones y teníamos que acatarlas, y si tenías ganas de reclamar y preguntar por qué?, la respuesta era PORQUE LO DIGO YO, Y PUNTO!

Hoy les damos órdenes a nuestros hijos y nos salen con cada cosa! quejas, reclamos, críticas "qué mala eres!" o chantajes emocionales "ya no te voy a querer" o "mi papá es más bueno".

Los psicólogos nos aconsejan explicarles todo a nuestros hijos, explicarles el por qué de cada orden que se les da, y entender cada etapa de desarrollo en la que se encuentran. Si tiene 18 meses, no sabe hablar bien, no sabe expresarse aún por eso manifiesta su enojo gritando o mordiendo, es un bebé. Si es un niño de 2 o 3 años, nos dicen aún no sabe manejar sus emociones, su enojo, su ira, por eso las pataletas, tienes que ser paciente, y si es un púber de 11, 12 años, nos dicen está en una etapa de cambios hormonales, que ni ellos mismos se entienden, compréndelo, no pelees con él, empatiza con tu hijo.

Con tantas instrucciones que recibimos las madres y padres hoy en día, me pregunto si eso ha hecho que se sienta como una tarea titánica el educar a los hijos, y que muchos terminen tirando la toalla y simplemente adoptando una postura de dejar hacer. Si el niño está pegando a sus compañeritos en el jardín, decimos "es solo un bebé", si hace alboroto y medio en el restaurante, "los niños son así, traviesos", y si es un púber que está haciendo bullying a otros, "son cosas de chicos".

En suma, actualmente para educar a nuestros hijos debemos hacerlo con pinzas, y en ese sentido, sí, parece que educar hoy en día es para las mamás más complicado que décadas atrás.

Nota aclaratoria: Con este post no pretendo defender los castigos físicos, solo se trata de hacer una comparación entre los estilos de crianza de dos distintas épocas.

jueves, 27 de julio de 2017

Ocho cosas no tan "divertidas" de viajar con los niños

Hace una semana nos fuimos de viaje de vacaciones a Cusco para visitar la famosa Machu Picchu, y como las niñas nunca habían estado allí, tenían muchas expectativas por conocer la imponente ciudadela inca. Todo transcurrió sin mayores inconvenientes con nuestras hijas de 12, 10 y 3 años, pero tras cinco días de viaje, mi esposo y yo terminamos totalmente agotados.

familia de vacaciones - portriplepartida.blogspot.com

Sería por la altura -3.400 metros sobre el nivel del mar- o por el intenso trajín, avión, tren, autobús, taxi, caminatas de horas por los sitios arqueológicos, o por tener que movernos con tres niñas, lo cual incrementa la logística de cualquier familia, el caso es que al quinto día, mi esposo y yo ya necesitábamos regresar a Lima.

Sin contar con que mi esposo confundió fechas, y perdimos nuestro tren a Machu Picchu Pueblo! Un momento de pánico, que afortunadamente tuvo solución por la amable intervención de un agente de InkaRail, que nos ubicó en el tren del día siguiente, sin cobrarnos la penalidad por cambio de fecha, que estipula la empresa.

Siempre durante los viajes con niños, hay momentos algo complicados, que se convierten finalmente en anecdóticos, pero que en el momento mismo no te resultan "divertidos". Acá les cuento los que viví en este viaje de vacaciones.

1. La altura y los viajes largos en auto marean. Cuando yo era niña, recuerdo el horrible malestar de estar con náuseas y mareos cada vez que viajaba a la sierra, tanto así que el primer día yo estaba completamente anulada para cualquier cosa, por eso madre prevenida vale por dos, llamé al pediatra de mis hijas para preguntarle qué les podía dar para que la altura no les afecte y nos arruine el viaje. El me recetó Gravol para las dos mayores, pero para la pequeña de 3, me dijo que no era necesario porque la altura no les afecta a los más pequeñitos. Así que cumplí al pie de la letra la recomendación del médico y para fortuna nuestra, mis 3 hijas estuvieron bastante bien. Al día siguiente de nuestra llegada, ya todos estábamos un poco más aclimatados y con mucha energía, y tomamos un taxi para ir a Ollantaytambo. A medio camino, quisimos parar para almorzar en la localidad de Urubamba, y mientras buscábamos el restaurante, mi hija pequeña, la que no había consumido Gravol, y que muy pocas veces en su corta vida, ha vomitado, sin mayores preámbulos ni aviso previo, arrojó su contenido estomacal en el auto, y se embarró toda la ropa. El taxista paró y me dio unos pañales de tela humedecidos (se notaba que ya tenía experiencia en casos de vómito de infantes y estaba bien preparado, además todo el piso de su carro no era de alfombra sino de un material plástico fácilmente lavable). Mis hijas mayores y mi esposo salieron del carro huyendo del mal olor, y me dejaron a mí con la enana, a la que tuve que limpiar con pañitos húmedos y cambiarle de ropa. Luego la mandé afuera con sus hermanas, y me puse a limpiar el vómito, una tarea horrible, porque por momentos creí que yo también iba a vomitar y es que luchaba contra las arcadas que me producía el olor y la visión del vómito!!

2. Cuando te olvidas de uno de tus hijos. La noche que pasamos en la localidad de Aguas Calientes, luego de haber hecho nuestro recorrido de cuatro horas por la ciudadela de Machu Picchu, salimos a las calles a buscar un restaurante para cenar. Ibamos mi esposo, mis tres hijas, mis padres, y yo. Estábamos súper cansados así que no quisimos demorar mucho en la elección de un lugar para comer, así que aceptamos la sugerencia de una señorita anfitriona que le hacía promoción a un restaurante. Pero luego de sentarnos en la mesa y ver el menú, nos entraron dudas de si era la mejor opción, además no había otros comensales en el sitio (señal de que no era bueno?), así que nos arrepentimos, pedimos las disculpas del caso, y salimos del local. Ya en la calle, empezamos a preguntarnos y adónde vamos ahora? Cuando en eso, pregunto "y la peque?" pensando en quién la tendría agarrada de la mano, pero nadie la tenía. "¿Dónde está la peque?!!" Corrimos adentro del restaurante, y allí estaba ella aún seriecita sentada en la mesa. Estaría tan cansada la pobre, que ni se le ocurrió levantarse cuando vio que todos nos fuimos, y nadie atinó a agarrarla para salir. Creo que teníamos la cabeza en otra parte por el cansancio. Es el típico caso que se da cuando tu marido asume que tú tienes al niño, y tú a la vez asumes que él lo tiene.

3. Peleas de tus hijos por tí. Cuando mis hijas eran pequeñas, siempre había conflictos entre ellas por tener la opción de sentarse a mi lado en el avión, o en el autobús, o en el tren. Si a la ida la menor se había sentado conmigo y la mayor se había sentado con su papá, en el viaje de vuelta, la mayor exigía hacer el cambio para ella poder sentarse conmigo. Ahora que son mayores, ya no hay problemas porque adoran sentarse juntas ellas solas. Pero aún pueden darse algunos pequeños conflictos por mamá. En este viaje, por ejemplo, como caminar los 5 en paralelo por las calles es imposible, la mayoría de las veces mi hija mayor iba con su papá, y yo con las dos menores. Pero a veces esto cambiaba y yo iba con la mayor y la peque, mientras que la mediana iba con su papá. Un día escuché esta conversación entre las dos mayores mientras caminábamos por la calle: "Hey!, yo estaba aquí con mami!", "No, yo estaba con ella y tú te metiste", "No, tú me empujaste para ponerte con ella!".

4. Peleas por las camas en el cuarto del hotel. Esto siempre sucede, ya sea porque quieren estar en la cama cerca de la ventana o en la que parece más cómoda o más grande. Una noche de este viaje, tuve un caso difícil de resolver. Acomodamos a mis tres hijas en una habitación, pero como la peque puede caerse de la cama en la noche, junté la cama de mi hija mediana a la de la peque, para que no hubiera este peligro. Esto hacía que la cama donde dormía la mayor, que era una cama de dos plazas, quedara muy alejada de la de sus hermanas, y esto no le gustaba. Pidió a su hermana mediana que se cambie y que duerma con ella. Pero la peque quería, exigía, que la mediana esté cerca de ella. Yo le dije a la mediana "espera que la peque se duerma, y te cambias de cama", así quedamos que lo hiciera. Pero al rato la mayor va a buscarme a quejarse de que la mediana ya no quería cambiarse de cama, porque estaba cansada y solo quería dormir, y no quería tener que esperar que la peque se durmiera para después tener que levantarse y cambiar de cama. La mayor insistía "yo no quiero dormir sola!" (tiene miedo a la oscuridad) ¿Qué hacer? Tuve una idea, que la mediana durmiera en la cama grande que estaba alejada, y que la mayor durmiera en la cama pegada a la de su hermana menor. Ellas estuvieron de acuerdo, y yo pensé "asunto solucionado", cantando victoria en mi mente. Pero entonces, cuando mis hijas cambiaron de camas, la peque empezó a llorar "Nooooo, yo no quiero dormir con A! yo quiero dormir con M!! Buaaaaa". No había forma de tenerlas contentas!, yo quería jalarme los pelos de la frustración!!. Quise gritar: SE ACABO!! SE DUERMEN COMO ESTAN Y PUNTO!!!!!! Pero, respiré hondo, y con voz firme (de no negociar) le dije a la peque: "Dormir al lado de A, es lo mismo que dormir al lado de M, tú tienes tu propia cama". Y felizmente para mí -que estaba muerta de cansancio y solo quería irme a dormir- ella aceptó el nuevo orden y se quedó tranquila. ¿Entendieron todo?

5. Buscar un baño. Cuando tienes a una infante a la que tienes que ayudar a ir al baño, y asegurarte de que no vaya a tener accidentes en medio del viaje, cada vez que dice "¡pila!" te pones frenética en la búsqueda de un baño. Por eso cuando tocó el momento de subir a Machu Picchu, entramos todos a los servicios higiénicos, y animé a la peque a hacer la pila, porque el recorrido de la ciudadela dura horas, y no había forma que interrumpiera la visita para bajar por tener que llevarla al baño. Ella dijo "no tengo ganas", yo le insistí, y expliqué que tenía que hacer pila sí o sí en ese MISMO INSTANTE, y para mi buena suerte, se dejó convencer y lo hizo sin pataleta de por medio.

6. Los benditos berrinches. Cuando vas de viaje con un niño de 12 meses en adelante, prepárate para enfrentar los más inoportunos berrinches. Cuando mi hija mayor tenía un año y cinco meses, recuerdo el berrinche que me hizo en la cúspide de la pirámide de Tenochtitlán durante un viaje en México. Tuve que bajar con ella toda la pirámide soportando sus berridos. Hace dos años, cuando la peque tenía 2, me hizo un berrinche en pleno despegue del avión, porque no quería quedarse quieta en el asiento con el cinturón de seguridad puesto. Gritó y pataleó todo el proceso de despegue, y yo sentía pena por los pasajeros que estaban alrededor nuestro. Felizmente desde que cumplió 3, se volvió una buena viajera de avión, pues ya no hace berrinches, y se queda tranquila con el cinturón de seguridad bien abrochado, al menos durante el despegue y aterrizaje. Pero lo cierto es que aún hace berrinches en casa, y yo temía que durante el viaje se pusiera difícil. Pero un día, apenas iniciado el viaje, ví la oportunidad de influenciarla para que no me hiciera una pataleta. Resulta que ví a una pobre madre lidiando con su hijo de unos 3 años, también llorando y berreando, entonces me acerqué al oido de mi gorda, y le susurré: ¿Ves qué feo se ve cuando un niño hace berrinche?" Mi peque estaba con los ojazos bien abiertos observando la escena, y me respondió seria: "Si". Quiero creer que eso funcionó para que pensara bien antes de hacer pataletas, lo cierto es que no hizo ninguna durante el viaje! Pero tampoco piensen que fue un angelito todo el tiempo, sí tuvo sus momentos de lloriqueos, o de terquedad, por ejemplo en el peor momento, cuando no quiso posar para la foto familiar con el fondo de Machu Picchu!! De nada valieron mis ruegos, ni ponerme firme. Simplemente no quiso, y salió en la toma con la cara larga y mirando el suelo. Quería MATARLA!! (figurativamente hablando, claro)

7. Arrear a los hijos para que se apuren. Salir del cuarto del hotel en las mañanas para ir a tomar desayuno, suele ser en nuestro caso el momento de mayor estrés del día. Mi esposo que es eléctrico siempre está listo antes, y para mis hijas no hay mayor placer durante los viajes que ver televisión en la cama, y toma una eternidad hacer que se alisten para salir del cuarto. Pero por lo menos como ya son grandes, no tengo que bañarlas, ni vestirlas ni peinarlas como sí tengo que hacer con la peque. Entonces por este motivo, resulta que siempre la última en estar lista soy yo, y casi siempre todos se adelantan y se van a desayunar sin mí.

8. Las comidas. Mis hijas no son de comer mucho, y casi siempre quedan satisfechas compartiendo un plato entre dos, cuando no hay menú de niños en la carta. El problema viene cuando no quieren comer lo mismo. Algunas veces para evitar el drama, pedimos platos individuales para ellas pero da pena después ver que no llegan ni a acabar la mitad de su plato. O sea un desperdicio de comida y de dinero.

Si en algo estuvimos plenamente de acuerdo mi esposo y yo, es que viajar con toda la tribu familiar es lindo, pero dos o tres o cuatro veces más desgastante que hacerlo en pareja, proporcionalmente al número de hijos que tengas. Pero qué bien que terminamos pasándolo!.


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miércoles, 24 de mayo de 2017

Pautas de disciplina positiva para niños de tres y cuatro años

Las que somos mamás de un niño pequeño que nos reta, que estalla en llanto y gritos en el momento menos pensado, que se niega a seguir la rutina de la casa, que se resiste a dormir o a comer, o a vestirse, sabemos lo que es estar sometidas a una fuente de estrés permanente.

niña llorando - portriplepartida.blogspot.com

"Ya va a pasar", nos decimos a manera de consuelo. Son "los terribles dos años", razonamos, pero después se convierten en los "terribles tres", y se prolongan a los "terribles cuatro", y no hay cuando acabe la fase difícil. La buena noticia es que sí hay maneras de que nuestros hijos pequeños mejoren su comportamiento.

¿Qué hacer? Ante todo, armarnos de MUCHA paciencia, toda la que podamos necesitar, y lo segundo importante, comprometernos en mantener una actitud y conducta siempre coherente y firme. Estas fueron las principales conclusiones de una charla sobre disciplina positiva que se dio en el nido de mi hija hace unas semanas para los que somos padres de niños de 3 y 4 años.

Lo primero de lo primero: Los Límites

En toda casa, en toda familia, hay reglas, y los límites son las reglas que se imponen y que no varían, y que contribuirán a la convivencia armónica de los miembros de la familia. Si todos los miembros conocen los límites, los aceptan de mutuo acuerdo, y los cumplen, no tendría por qué haber problemas.

Pero algunos padres creen que poner límites a los niños es malo, o que es el equivalente a castrar a los hijos, pero en realidad establecer límites es mucho más beneficioso de lo que creen, igual que el establecer rutinas. Las rutinas contribuyen a dar seguridad al niño y a darle un orden a nivel interno.

Mónica Llosa, la psicóloga que nos dio la charla a los padres de familia, dijo que los límites dan seguridad al niño de estar haciendo lo correcto, fomentan el reconocimiento de sus propias habilidades para seguir las reglas impuestas, fomentan su capacidad de evaluar las conductas negativas buscando otras alternativas de solución, y desarrollan su flexibilidad, evitando la baja tolerancia a la frustración.

Los niños no nacen con tolerancia a la frustración ni autocontrol, ambos son destrezas que se aprenden. Entonces un niño de 3 o 4 años con baja tolerancia a la frustración y sin autocontrol, va a hacer un berrinche cuando le digan que no puede comer golosinas antes de almorzar, y quizás se tire al suelo a patalear, o tire cosas al piso, o intente pegar a su madre por no darle gusto.

Mi hija tiene 3 años y siete meses, y yo pensé que su etapa de berrinches ya estaba en franca remisión, que había mejorado mucho, y que yo ya podía razonar con ella, y evitar que me hiciera pataletas, pero hace unos días ella se encargó de hacerme aterrizar en la realidad. Hasta me parece que hubieran recrudecido sus pataletas.

El otro día le dije que debía apagar la televisión porque ya había visto suficiente, y que era momento de jugar. Cuando apagué la tele, ella empezó a berrear, y golpearse con sus puños las piernas. Yo me fui para que no me viera sonreirme, porque como es la bebé de la familia, sus arranques de cólera me dan ternura, me hacen gracia. Mis hijas mayores hace tiempo que dejaron de hacer berrinches, entonces la gordita se ve graciosísima cuando patalea, ¿me entienden?

Bueno, ella siguió en su berrinche. Empezó a golpear los cojines del sofá y luego los tiró uno a uno al piso, y como vio que no le hacían caso, se fue a su habitación pateando el piso y con el ceño fruncido. Yo me aguantaba las ganas de correr a ella y cargarla, apachacharla, y besarla, porque se que si lo hubiera hecho en ese momento, me hubiera apartado con furia y hubiera continuado enojada. 

Esperé unos tres minutos y luego fui a buscarla a su habitación, justo en el momento en que ella salía, entonces la abracé, y nos abrazamos con ternura. Su enojo ya se había terminado.

Pero no siempre mi hija hace estos berrinches cuando apago la televisión. En otras ocasiones, lo tolera perfectamente, y se va a buscar algo que hacer sin llorar ni protestar. Por eso creo que está en todo el proceso de aprender el autocontrol y a tolerar la frustración.

Llosa nos aseguró a los padres que el hecho que los niños se frustren no es malo, más bien eso los ayuda a madurar y fortalece su carácter, y que no debemos sentirnos culpables por ocasionarles una frustración, lo que, sin embargo, no quiere decir que nos pasemos la vida frustrándolos a cada momento. Todo debe ser balanceado.

¿Cómo aplicar los límites?

Para empezar a aplicar los límites, primero hay que evaluar si nuestras expectativas como padres sobre el comportamiento que debe tener nuestro hijo van de acuerdo a la edad del niño. A un niño de dos años no vamos a pedirle o esperar que se comporte como uno de 6.

Segundo, acordar con los miembros de la familia cuáles serán las reglas que se impondrán. Por ejemplo, en mi casa, hemos establecido la regla de no mirar celulares cuando estamos en la mesa, y aplica para todos, para mi esposo, para mí, para mi hija de 12 años, y sus hermanas de 9 y 3. Anoche, me sorprendí de lo bien que la menor ha captado esta regla, pues me había pedido ver vídeos en mi teléfono, y cuando le recordé que nadie puede hacerlo en la mesa, lo aceptó y no protestó.

Tercero, identificar las conductas negativas y las respuestas que se tendrán frente a ellas, es decir que los niños sepan cuáles son las conductas no se pueden tolerar, por ejemplo, golpear a sus hermanos, destruir cosas, querer correr en la calle o en sitios públicos alejándose de una, y cuáles serán las consecuencias de hacerlo. Por ejemplo, se le dice si insistes en correr y esconderte de mí en el centro comercial, ya no podré llevarte más conmigo.

Cuarto, hay que ser consecuentes con lo que se imponga. Por ejemplo, las reglas deben valer para todos los hijos, no dejarle a uno no cumplirla, y exigirle que la cumpla el otro. O un día permites a tu hijo ver televisión toda la tarde, pero al siguiente día se lo prohíbes.

Quinto, es importante no ceder. En el proceso de aprender a respetar las reglas y los límites de los niños, los padres no deben ceder por un berrinche o una pataleta, o una cara larga que nos ponga nuestro hijo, ya que si lo hacemos enviamos el mensaje de que las reglas se pueden romper, y eso resta autoridad.

Pautas para aplicar una disciplina positiva

El establecimiento de límites debe ir acompañado de un entorno de afecto a nuestro hijo. No podemos poner límites sin antes asegurarnos de que las necesidades de amor y afecto de nuestros hijos están cubiertas.

Debemos preocuparnos de darle un tiempo especial a nuestro hijo, en el que realmente nos dediquemos a él, en el que él tenga toda nuestra atención, por ejemplo, jugar con él, y jugar a lo que él quiera y decida.

También debemos preocuparnos de darle seguridad y confianza a nuestro hijo, por ejemplo, cumpliendo lo que le prometemos. No hay cosa más descorazonadora para un niño que su madre o su padre le prometan algo y después no lo cumplan. También les damos confianza cuando en los momentos de enojo, no reaccionamos con la cabeza caliente, sino cuando ya nos hemos calmado.

Cuando queremos poner disciplina, debemos asegurarnos de tener un estado de ánimo constante. La disciplina no debe estar influenciada por nuestro estado de ánimo, por ejemplo, cuando llegamos a la casa estresadas después de trabajar, nos ponemos a regañar a nuestros hijos por haber hecho esto o aquello, y otro día que estamos relajadas y tranquilas no le damos importancia a lo que hayan hecho.

Validar sus sentimientos de enojo y frustración también ayuda porque el niño se siente comprendido y ello lo pondrá en disposición más abierta a escuchar las razones por las que no se le permite algo. Por ejemplo se le dice: "Estás enojado porque quisieras jugar más tiempo, no? Este es tu juego favorito, lo se, pero es hora de almorzar, y después podemos seguir jugando".

A mí me funcionaba esto cuando mi hija era más pequeña, cuando tenía dos años y no sabía aún expresarse muy bien, pero he notado que ahora que tiene tres, y que sí sabe comunicar perfectamente lo que quiere o no quiere, ya no me sirve de mucho. Valido sus sentimientos, le explico razones, y no quiere oir nada, es como si se enfureciera más. Ahora encuentro que lo más efectivo es dejar que se calme sola, y cuando ya está más tranquila, la abrazo y hablamos.

Cuando nuestro hijo ha tenido un mal comportamiento o una rabieta, sirve aplicar el "Time In", que es diferente al "Time Out" del pasado. El objetivo es darle un tiempo al niño para que se disipe su enojo, para que enfríe la emoción, y pueda pensar y reflexionar sobre lo que ha hecho.

La psicóloga nos sugirió acondicionar para este propósito un rincón de la casa en donde el niño pueda estar mientras se le pasa el enojo. En ese sitio se le puede poner algunos cojines bonitos o sus peluches y muñecos favoritos,

Otro aspecto importante es hablar en positivo, tratando de eliminar el No. En vez de decir "No agarres los adornos de la sala", transformarlo en una indicación positiva como "Los adornos de la sala se cuidan". O en vez de ordenar "No camines sin zapatos", decir "Ponte los zapatos, hace frío".

Otra pauta es perseverar en las decisiones que hemos tomado a pesar de las dificultades que ello suponga. Por ejemplo, cada vez que tus hijos hacen pataletas en casa, te mantienes firme, pero si te hacen un berrinche en un lugar público, cedes porque te avergüenza que te estén observando.

También es importante dar el ejemplo. Si quieres que tu hijo coma regularmente frutas y verduras, él estará más llano a consumirlas si ve que sus padres también lo hacen.

Asimismo es aconsejable dar recompensas al niño cuando ha logrado corregir un comportamiento negativo, pero más que recompensas materiales, como juguetes o dulces, debemos dar recompensas afectivas, como momentos de juego con tu hijo, una salida al cine juntos, o ir a comer helados.

Y por último hay que procurar que nuestros hijos terminen las actividades o tareas que empiecen a hacer. Si tu hijo empieza a armar un rompecabezas, pero en medio de la tarea se aburre, y quiere dejarlo, hay que motivarle a seguir y terminarlo.

Hay una y mil situaciones que pasamos como mamás que pueden sobrepasarnos y hacernos perder la paciencia y soltar un grito del que después nos arrepentimos. Todas quisiéramos la fórmula para que nuestros hijos no hicieran berrinches, para que siguieran las rutinas de la casa, sin una lucha de por medio para comer, para bañarse, para vestirse, etc., la clave está en mantener una coherencia, y corregir siempre con firmeza y amor.